Sobre la canción
«Por ir a aprender este amargue, sin más pretensión que bailar, danza de amor y descargue, me fui yo de ti a enamorar»
Esta letra nació como un homenaje a la armonía de jazz II-V-I, donde vamos de subdominante a dominante y terminamos en tónica. De ahí su título, De dos a cinco, porque es una historia de amor no correspondido, donde el protagonista se queda en quinta, V, quinta dominante, que representa a la mujer de la que está enamorado. Pero claro, cuando hay indiferencia y tu tónica no resuelve, tu vida es una continua tensión. Tensión de quinta dominante. De mujer dominante.
Esta versión tiene una curiosidad: si te fijas, tiene estructura de bachata —verso, estribillo, verso, estribillo...— sin ser esta la versión que estaba encaminada a ser una bachata pura. Pues sí, me equivoqué, y el resultado me ha encantado. Júzgalo tú. Espero que te guste.
Miguel Ángel
Letra
Por ir a aprender este amargue,
sin más pretensión que bailar,
danza de amor y descargue,
me fui yo de ti a enamorar.
Por más que me pese esta carga,
prefiero vivir en tensión,
tensión de mujer dominante,
dueña de mi corazón.
Por más que este baile me amargue,
por más que la vida me embargue,
no considero otra opción,
eres tú la dueña de mi corazón.
De dos a cinco a soñar,
amargue para ti compuesta,
tú en tu tónica contrapuesta,
de quien no quiere ya más amar.
Por más que me pese esta carga,
prefiero vivir en tensión,
tensión de mujer dominante,
dueña de mi corazón.
Por más que este baile me amargue,
por más que la vida me embargue,
no considero otra opción,
eres tú la dueña de mi corazón.
Rato de fin de semana,
tres horas cerca de ti,
yo suspirando por dentro,
tú ausente completa de mí.
Me tratas como amiga o hermana,
y yo contenido por dentro,
sin contarte lo que siento,
preso de mi devoción.
Por más que me pese esta carga,
prefiero vivir en tensión,
tensión de mujer dominante,
dueña de mi corazón.
Por más que este baile me amargue,
por más que la vida me embargue,
no considero otra opción,
eres tú la dueña,
eres tú la dueña,
de mi corazón.
Sólo de dos a cinco,
en fines de semana,
tú enseñas a bailar,
y a mí me enamorabas.
Sólo de dos a cinco,
en fines de semana,
acompañado de este amargue,
que a mí me conquistaba.
Sólo de dos a cinco,
de dos a cinco,
de dos a cinco...